Por Ing. Luis de Jesús Pérez Ruiz
Es un hecho que el “Efecto Peje” no ha impactado de manera contundente como se esperaba, lo anterior estriba, en que por una parte los desatinos estratégicos del licenciado López Obrador han sido varios, y por otra la incursión a puestos de elección popular de individuos advenedizos al PRD. Ambas acciones han derivado en inconformidades y desencuentros, que ha debilitado la estructura del sol Azteca más allá de los umbrales de lo impensable.
Es un hecho que el “Efecto Peje” no ha impactado de manera contundente como se esperaba, lo anterior estriba, en que por una parte los desatinos estratégicos del licenciado López Obrador han sido varios, y por otra la incursión a puestos de elección popular de individuos advenedizos al PRD. Ambas acciones han derivado en inconformidades y desencuentros, que ha debilitado la estructura del sol Azteca más allá de los umbrales de lo impensable.
Es innegable que la popularidad del otrora hombre fuerte del PRD nacional, licenciado Andrés Manuel López Obrador, ha venido, aunque de manera silente, en franco declive. Los porqués subyacen en movilizaciones infructuosas que sólo causan molestias a la ciudadanía, discursos frenéticos que rayan en obsesiones personales, descalificaciones al gobierno panista reiterativas a una población desgastada por la crisis generalizada y que observan no hacen las ínfimas de las mellas a los poderosos que detentan el poder y finalmente lo mencionado es acompañado por deplorables desempeños como administradores públicos de elementos provenientes de las filas perredistas.
Se suman a la lista de desatinos las postulaciones a puestos de elección popular de personajes de la clase pudiente y el desplazamiento incluso de fundadores y pioneros del perredismo, de aquellos que fueron objetos de escarnio, descalificaciones, persecuciones y segregaciones. Estos arribistas han engrosado las filas del PRD, en virtud de que en sus partidos políticos, básicamente del PRI, no les han brindado los espacios demandados y que por cierto han ostentado por varios lustros. La práctica del “quítate tu porque voy yo”, ha creado enorme descontento entre las filas de los militantes del sol Azteca, al grado que muchas elecciones a puestos públicos se han ido por la borda. Bástenos rememorar las pasadas elecciones del cinco de julio de 2009, donde el PRI se reposiciona en base a dos primicias: La primera hubo humildad y trabajo y la segunda fue alimentada por la impericia de los estrategas de la auto nombrada izquierda mexicana.
El empleo elemental de la lógica es el gran ausente en el PRD, sobre todo en el perredismo local, donde se han ejercido prácticas tales, como brindar espacios primordiales a personajes de probada falta de ética y que incluso en otrora se constituyeron en colaboradores en fraudes políticos cometidos en perjuicio para el partido en comento. Así mismo destaca la participación en el PRD de descendientes de políticos provenientes de la alcurnia del priísta, que por ser los que impulsaron políticamente al licenciado López Obrador en otros tiempos, han venido a cobrar factura y este se las está pagando como gran satisfacción, al menos es la impresión que causa.
Por otra parte hemos sido testigos de cómo perredistas que han ocupado puestos tales como presidencias municipales, diputaciones locales y federales, quieran retornar para aspirar a ocupar estos puestos de nueva cuenta. Esta práctica ha desencadenado en enorme descontento, puesto que quienes desean repetir, han probado su falta de capacidad y probidez en los asuntos de la Cosa Pública; y es aquí donde emergen los cuestionamientos de los militantes perredistas que nacieron como tales, que se han preparado para aportar y que lo han apostado todo y a cambio ni migajas reciben, del, si vale la pena continuar militando en un partido privilegiador de la clase pudiente, alimentador de la voracidad de políticos descontinuados y parásitos; un partido cuyo incumplimiento a las promesas y a los pactos fundamentales del mismo, se ha convertido en otra más de las perversiones retorcidas de la política nacional. Y es que las voces son cada día más frecuentes y fuertes, que hablan no de la refundación del PRD, sino más bien del abandono del que al parecer será objeto.
El cisma del perredismo local y nacional es una realidad que terminara por eclipsar y tal vez a tan pocos años de fundado, tengamos que contemplar los funerales de lo que constituyó una opción esperanzadora en el disparate político nacional.
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