Por Ing. Luis de Jesús Pérez Ruiz
Inicialmente la televisión mexicana fue creada y promovida por el Estado, bajo la denominación “TELESISTEMA MEXICANO”, cuya primigenia intensión era la de educar y entretener. Al transcurrir el tiempo la meta no fue concluida, por lo que decidieron los gobernantes en turno vender la estación televisiva, mediante la “asignación directa” al empresario Emilio Azcárraga Vidaurreta, quien impuso el nombre de TELEVISA, S.A. DE C.V.
En los comienzos de la televisión privada, fueron privilegiados algunos programas de corte cultural, ya que las tele comedias eran nutridas por actores provenientes del prestigiado teatro mexicano, donde se montaban puestas en escena de dramaturgos de renombre nacional e internacional. Por otra parte daban cabida a noticieros informativos al servicio de los gobernantes en turno, donde la censura era consuetudinaria e ineluctable.
Para la década de los sesentas las tele comedias contaban con gran audiencia, que entretenía y a la vez se educaba con las grandes obras de la literatura universal. Hay quienes aseguran que este tipo de puestas en escenas eran el antecedente de las telenovelas de hoy en día. Cabe hacer mención que para los tiempos en comento, se hacía televisión para niños, con el montaje de cuentos infantiles de autores como Christian Andersen, Charles Perrault, hermanos Grimm, entre otros; estos teatros televisivos eran montados por Enrique Alonso “Cachirulo”, un extraordinario actor, cuya pasión por el histrionismo no tenía límites.
Ubicándonos en la década de los 70´s, y ya influenciada la televisión mexicana con las tendencias de la televisión norteamericana, se dió paso a programas de mayor versatilidad, como programas cómicos, de concursos, noticiosos; desplazando a programas teatrales como los mencionados. La programación logró tener mayor penetración en la sociedad, gracias al género naciente denominado telenovelas, donde el tema recurrente de la Cenicienta y el Príncipe Azul, fue la constante; no obstante la demanda de este tipo de género y su recurrente y repetitivo planteamiento, a la par el empresario y actor Ernesto Alonso, emprendió con la interesante propuesta de la Telenovela Histórica. Este género acercó la historia aún mas a las masas quien se dejaba arrobar por las telenovelas.
Para la década en comento, la Secretaria de Comunicaciones y Transportes (S.C.T.), obligaba a Televisa a montar programas de corte científico y artistico, y que eran confinados a ser transmitidos en horarios poco convencionales, es decir a las 12:00 horas o a las 21:00 horas de cada día, constando estos espacios, de lapsos de no más de una hora. Es imprescindible citar que para estos tiempos nace la industria de los Programas Musicales, tales como Sábados Espectaculares y Siempre en Domingo, donde inicia el monopolio musical impuesto por la poderosa industria de Azcárraga. En tanto y ante la presión de un reducido sector de la sociedad, el Gobierno de Luis Echeverría Alvarez, decide crear una televisión del Estado, que se encargaría de asumir el rol de promotor de la cultura, las artes y las ciencias.
Mediante las siglas T.R.M. (Televisón de la República Mexicana), se encargó de la encomienda en mención y de esta manera pergeñada acallar las voces de protesta. Posteriormente T.R.M. en el sexenio de José López Portillo, en su afán de modernizarla, varia la programación transformándola a un estadio comercial, bajo la denominación Canal 13 Televisión. Empero ni con el cambio, la sociedad viró su atención ante los embates mediáticos del Estado. En tanto Televisa ampliaba su emporio a niveles de considerarse el verdadero cuarto poder.
En la década de los 80´s, la televisión privada se regodeaba y actuaba a placer, al grado de extinguir de su programación los géneros científicos y artísticos, para acentuar una programación plagada de frivolidad e instrascendencia ante la anuencia del Estado, que ya había afianzado la mancuerna con la única televisora privada, donde el código velado era el de utilizarse mutuamente. Ubicándonos en la década de los cambiantes 90´s, el Estado decide vender la entonces IMEVISION, antes Canal 13, a la iniciativa privada, repitiendo la historia de efectuar una aparente “licitación” y donde resultó ganador un grupo de empresarios encabezados por Raúl Salinas Pliego, primo del nefasto Carlos Salinas de Gortari, entonces presidente de la República Mexicana . Constituida como TV AZTECA, comienza una batalla encarnizada con la televisora de Arcárraga Milmo, quien había entonces heredado el emporio de su padre Emilio Azcárraga Vidaurreta. Esta batalla no despertó sino el morbo del público y la primigenia consigna de educar y entretener permaneció postrada en el olvido.
Actualmente existen muy pocos programas con un contenido inteligente y trascendental, permaneciendo con gran auge la programación enajenante y decadente, tan es así que el desplazamiento de valores éticos son reducidos a ser considerados inviables, y cuya aplicación es sólo empleada de parapeto, es decir los programas de hoy en día promueven la doble moral como una actitud intrínseca para el cumplimiento de objetivos y alcance de metas. Cabe mencionar que esta situación no es reponsabilidad única de las televisoras y el Estado, también de la sociedad, y partiendo de que la célula primordial de ésta es la familia, es aquí donde se imbuye y fomenta el optar por la programación televisiva degradante; en lugar de promover la preferencia hacia programas documentales, artísticos y científicos y de esta forma normar a las televisoras a programar información provechosa y fidedigna.
En los comienzos de la televisión privada, fueron privilegiados algunos programas de corte cultural, ya que las tele comedias eran nutridas por actores provenientes del prestigiado teatro mexicano, donde se montaban puestas en escena de dramaturgos de renombre nacional e internacional. Por otra parte daban cabida a noticieros informativos al servicio de los gobernantes en turno, donde la censura era consuetudinaria e ineluctable.
Para la década de los sesentas las tele comedias contaban con gran audiencia, que entretenía y a la vez se educaba con las grandes obras de la literatura universal. Hay quienes aseguran que este tipo de puestas en escenas eran el antecedente de las telenovelas de hoy en día. Cabe hacer mención que para los tiempos en comento, se hacía televisión para niños, con el montaje de cuentos infantiles de autores como Christian Andersen, Charles Perrault, hermanos Grimm, entre otros; estos teatros televisivos eran montados por Enrique Alonso “Cachirulo”, un extraordinario actor, cuya pasión por el histrionismo no tenía límites.
Ubicándonos en la década de los 70´s, y ya influenciada la televisión mexicana con las tendencias de la televisión norteamericana, se dió paso a programas de mayor versatilidad, como programas cómicos, de concursos, noticiosos; desplazando a programas teatrales como los mencionados. La programación logró tener mayor penetración en la sociedad, gracias al género naciente denominado telenovelas, donde el tema recurrente de la Cenicienta y el Príncipe Azul, fue la constante; no obstante la demanda de este tipo de género y su recurrente y repetitivo planteamiento, a la par el empresario y actor Ernesto Alonso, emprendió con la interesante propuesta de la Telenovela Histórica. Este género acercó la historia aún mas a las masas quien se dejaba arrobar por las telenovelas.
Para la década en comento, la Secretaria de Comunicaciones y Transportes (S.C.T.), obligaba a Televisa a montar programas de corte científico y artistico, y que eran confinados a ser transmitidos en horarios poco convencionales, es decir a las 12:00 horas o a las 21:00 horas de cada día, constando estos espacios, de lapsos de no más de una hora. Es imprescindible citar que para estos tiempos nace la industria de los Programas Musicales, tales como Sábados Espectaculares y Siempre en Domingo, donde inicia el monopolio musical impuesto por la poderosa industria de Azcárraga. En tanto y ante la presión de un reducido sector de la sociedad, el Gobierno de Luis Echeverría Alvarez, decide crear una televisión del Estado, que se encargaría de asumir el rol de promotor de la cultura, las artes y las ciencias.
Mediante las siglas T.R.M. (Televisón de la República Mexicana), se encargó de la encomienda en mención y de esta manera pergeñada acallar las voces de protesta. Posteriormente T.R.M. en el sexenio de José López Portillo, en su afán de modernizarla, varia la programación transformándola a un estadio comercial, bajo la denominación Canal 13 Televisión. Empero ni con el cambio, la sociedad viró su atención ante los embates mediáticos del Estado. En tanto Televisa ampliaba su emporio a niveles de considerarse el verdadero cuarto poder.
En la década de los 80´s, la televisión privada se regodeaba y actuaba a placer, al grado de extinguir de su programación los géneros científicos y artísticos, para acentuar una programación plagada de frivolidad e instrascendencia ante la anuencia del Estado, que ya había afianzado la mancuerna con la única televisora privada, donde el código velado era el de utilizarse mutuamente. Ubicándonos en la década de los cambiantes 90´s, el Estado decide vender la entonces IMEVISION, antes Canal 13, a la iniciativa privada, repitiendo la historia de efectuar una aparente “licitación” y donde resultó ganador un grupo de empresarios encabezados por Raúl Salinas Pliego, primo del nefasto Carlos Salinas de Gortari, entonces presidente de la República Mexicana . Constituida como TV AZTECA, comienza una batalla encarnizada con la televisora de Arcárraga Milmo, quien había entonces heredado el emporio de su padre Emilio Azcárraga Vidaurreta. Esta batalla no despertó sino el morbo del público y la primigenia consigna de educar y entretener permaneció postrada en el olvido.
Actualmente existen muy pocos programas con un contenido inteligente y trascendental, permaneciendo con gran auge la programación enajenante y decadente, tan es así que el desplazamiento de valores éticos son reducidos a ser considerados inviables, y cuya aplicación es sólo empleada de parapeto, es decir los programas de hoy en día promueven la doble moral como una actitud intrínseca para el cumplimiento de objetivos y alcance de metas. Cabe mencionar que esta situación no es reponsabilidad única de las televisoras y el Estado, también de la sociedad, y partiendo de que la célula primordial de ésta es la familia, es aquí donde se imbuye y fomenta el optar por la programación televisiva degradante; en lugar de promover la preferencia hacia programas documentales, artísticos y científicos y de esta forma normar a las televisoras a programar información provechosa y fidedigna.
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